José Alcántara Mora nació en Bollullos del Condado, en la calle 2 de Mayo (conocida popularmente como Callejón “Chalillo”) un 27 de diciembre del año 1.911 y aunque está claro que ha sido la mejor garganta que este pueblo ha traído al mundo, aún así, tuvo que soportar sobre sus espaldas una vida de mucho sacrificio, trabajo y poca riqueza en el intento de sacar adelante, con su escaso jornal, a su esposa Dolores a la que, cariñosamente llamaba “Orcita” y a sus cinco hijas: María Josefa, Dolores, Mercedes, Carmelita y Rosario. Con ésta última, la más pequeña, fue con la que tuve el placer de compartir y revivir parte de algunos de los recuerdos que sigue conservando de su padre.

También recuerda las largas noches veraniegas en las que los vecinos se quedaban hasta cerca de las cuatro de la madrugada sentados en las puertas o detrás de una ventana, con el único fin de escuchar en el silencio de la oscuridad, la dulzura de la voz recién levantada de “El Nele”, mientras ataviaba a su mula para irse a trabajar…Era un jardín sonriente

Era una tranquila fuente de cristal, era, a su borde asomada una rosa inmaculada de un rosal. Era “probe” jardinero, que cuidaba con esmero, del vergel, y era la rosa, un tesoro de más quilates que el oro, para él. Y a la orilla de la fuente un caballero llegó y a la rosa, dulcemente, de su tallo la cortó. Y al notar el jardinero que no estaba en el rosal, cantaba así, plañidero, receloso de su mal. Rosa, la más delicada que por mis manos, cuidada siempre fue. Rosa, la más “encendía”, la más brillante y “pulía” que cuidé. Blanca estrella que del cielo curiosa de ver el cielo resbaló y a la que una mariposa, de mirarla temerosa, no llegó. ¿Quién te quiere bien, te ama con fe y ternura igual, quién te cortó de la rama, que no estás en mi rosal?.

Los que le conocieron cuentan que si “El Nele” se encontraba a gusto en una reunión no dudaba en gastarse todo lo que tuviese en el bolsillo con tal de prolongar ese momento para seguir cantando. Más de uno, eso al menos reconocen otros, se aprovechó de él comprando por unos vasos de vino, el eco de una garganta que no tenía precio.

“El Nele” de joven, durante el Servicio Militar.

Sirva como muestra este ejemplo a modo de anécdota: Tuvo lugar en Bollullos, durante una actuación de Pepe Marchena en el Cine España. Llegó un momento en el que la gente llegó a solicitar la presencia de “El Nele” sobre el escenario pidiendo a gritos en reiteradas ocasiones: “Que cante “El Nele” Pepe, “Que cante “El Nele”.

Ante esta reacción espontánea del respetable, Pepe Marchena se interesó por el personaje en cuestión, y lo invitó a subir al escenario. Ante tal petición, “El Nele” no podía negarse, sobre todo viniendo la invitación de su maestro, el cual, ya le andaba diciendo nada más y nada menos que a Ramón Montoya: “Tócale bien, y déjalo que cante a su aire, no lo vayas a equivocar”.

Si mi gloria la eres tú ¿“Pa” qué quiero yo la gloria? si mi gloria la eres tú. En ti puse mi memoria. Eres mi vida y mi cruz, y en ti termina mi historia.

Cómo no cantaría ese hombre, por un instante fue como si el tiempo se quedara inmóvil para escucharlo, el teatro se vino abajo en palmas y clamores. A los que Marchena contesto haciendo uso de la palabra con una genialidad de las suyas, y sentenció: “Tú eres MARCHENA y yo soy EL NELE”.

Pero allí no quedó todo, esa misma noche y ya en el Casino de la Peña Recreativa Cultural, Pepe Marchena, el Maestro de maestros de aquella época dijo: “Señores, vamos a poner algo de dinero para comprarle a este hombre un traje y unos zapatos”. Y entonces, mientras hablaba, se quitó el sombrero y metió dentro de él los primeros cinco duros, a los que siguieron otros cinco de Miguel Vallejo y así, billetes tras billetes hasta que reunieron un total de cincuenta y tres; el último, lo puso Juanito “La Jumea”.

Ya vestido como un señor, Marchena se lo llevó a Sevilla para que cantase con él. Por desgracia, eso nunca llegaría a suceder pues cuando ya casi le tocaba salir a cantar, “El Nele” le dijo a Marchena que necesitaba ir al baño y, aprovechando la excusa, tiró de nuevo para Bollullos sin abrir la boca ni para despedirse. Este pueblo, amigos míos, tuvo entre sus manos una joya sin pulir que el transcurso del tiempo se encargó de desgastar. Pero no por eso merece ser olvidada. Más aún, cuando todos los aficionados de este pueblo coinciden a la hora de dar una misma opinión acerca de cómo cantaba “El Nele”. Reconocen incluso que fue tan buen seguidor del cante de Marchena que, cuando cantaba otras cosas en la línea de su estilo, era como estar escuchando al Maestro haciendo algo fuera de su repertorio habitual. De modo señoras y señores que, por mucho que algunos se empeñen en desvalorizar su cante de forma despectiva al tacharlo como un simple imitador sin personalidad, sepan ustedes y no le queden dudas de que para cantar las cosas de Marchena como lo hacía “El Nele”, cuánto menos, hay que echar seda por la boca.

Te encuentras “desampará”. Si tú alguna vez en la “vía” te encuentras “desampará” recuerda que, todavía, dispuesto a salvarte está y el que tanto te quería.

“El Nele” murió en un hospital de Sevilla cuando sólo tenía 54 años y sus cenizas se esparcieron por tierra santa para que sirviese de pasaporte antes de viajar hacia el reino de los cielos en el que permanecerá, estoy seguro, cantando eternamente: La niña del Albayzín era una rosa de oro, morena de alba y trigo, y color de almendra en sus ojos. La niña del Albayzín vivía en un carmen moro encerrada entre cancelas con llaves y con cerrojos. Cuando llegaba la noche llegaba también su novio, y junto a la celosía cantaba siempre celoso: Tengo miedo, mucho miedo, me da miedo de la luna. Échate un velo a la cara, cubre tu piel de aceituna y apaga tus verdes ojos porque son toda mi fortuna. Porque tengo, mucho miedo, me da miedo de la luna

Una de las últimas fotos de “El Nele”.

Yo nunca pude escucharlo. Pero dicen que de su garganta manaban melodías impensadas como por arte de magia. Oírle apoyado sobre el mostrador de la barra de la taberna de “El Quiri”, tendría que ser como escuchar un coro de serafines junto al tintineo de la botella que besaba el vaso, mientras que vertía el vino que lo hacía cantar…

“Malherío” Yo una mañana me encontré un pájaro “malherío”, y yo después que lo curé. En un árbol, le hice un “nío”, y en el “nío” lo dejé.

Gracias a Rosario, a la que estaré siempre agradecido, por atenderme en su momento tan amablemente y regalarnos las fotos de su padre junto a estos recuerdos de un valor incalculable, para aquellos que no pudimos conocer a ” El Nele” en vida.

Att Guillermo Cano, Un abrazo…Y nos leemos pronto.