En la calle Cruz de Montañina de esta ciudad nació un 9 de diciembre del año 1.906 Daniel López Martín. Fue hijo de Rosario “la Chica” y de Juan “El Cabo de los Guardas” del que heredó el apodo por ser éste, por aquellos años, valga la redundancia, el cabo de los guardas.

Daniel, primeramente, trabajó en el campo como jornalero y aunque también durante cierto tiempo trabajó como guarda, podemos afirmar que la mayor parte de su vida la dedicó a trabajar en sus propias tierras.

Se aficionó al cante a través de la saeta. Todavía hoy se le sigue recordando como un buen intérprete de este género junto a otros saeteros de su época como Mercedita “La Colorá”, “El Curriqui”, Maria Josefa “La Chirivita” y Alfonso “El Colilla” con los que solía rezar cantando desde algunos de los balcones de Bollullos.

Con la cara de la angustia, rezando, miras al cielo mientras que pides perdón “clavao” sobre la cruz, para aquellos que la hicieron.

Daniel en el Parque Municipal Francisco Ramos Mantis, de la localidad de Bollullos del Condado.

Pocas fueron las veces que este cantaor con ecos antiguos y buen aficionado se subió sobre los escenarios. No porque le temblasen las piernas -nunca tuvo reparo en cantar en público-, sino porque en aquella época, el cante, se desarrollaba sobre todo en las tabernas o en las celebraciones de bautizos y casamientos a los que, Daniel, siempre solía ir como invitado y en donde su voz, no tardaba en arrancarse por Fandangos para deleite de todos los asistentes los cuales no cesaban de animarle a que continuase cantando.

Tienes que venir llorando en busca de mi cariño. Tienes que venir llorando. Porque tú has de terminar como piedra de la calle, que todos te han de pisar.

Tienes que venir llorando en busca de mi cariño. Tienes que venir llorando. Porque tú has de terminar como piedra de la calle, que todos te han de pisar.

De entre sus artistas más admirados siempre destacó las figuras de Pepe Marchena, Manuel Vallejo y Juanito Valderrama. Sin ser seguidor de ninguna escuela, de todos ellos aprendió.

Foto de la Época donde se ve a Juan Valderrama, Pepe Marchena y una jovencísima Dolores Abril, junto al enigmático torero, Manuel Benítez “El Cordobés”.

Pero por sus condiciones le daba a su manera de cantar un corte personal, convirtiendo todo lo que salía por su boca en un estilo propio como bien quedó reflejado en aquellos cantes de campanilleros que popularizó “la Niña de la Puebla” y que su hijo Juan recuerda haber escuchado infinidad de veces sentado sobre las rodillas de su padre:

Ay…en los campos. En los campos de mi Andalucía, los campanilleros por la “madrugá”,me despiertan con sus campanillas y con sus guitarras me hacen llorar. Y empiezo a cantar. Y al sentirme, “tó” los pajarillos, cantan en las ramas y echan a volar. (Extracto de Los Campanilleros, que popularizara con tanto éxito “La Niña de La Puebla”)

“La Niña de la Puebla” en una de sus primeras fotos como artista.

Daniel durante años fue socio de la Peña Flamenca “Ildefonso Pinto” de Bollullos del Condado. En el año 1.982 recibió en reconocimiento a su afición por el cante, un homenaje en donde él mismo participó cantando junto a otros aficionados locales.

Hasta que pudo, se rodeó de cante. Así lo demuestra su participación en la diversas actividades musicales del coro del Hogar del Pensionista formando, como uno más, parte del grupo de campanilleros en el que también estaba su hermano José “El Cabo de los Guardas” y al que también mencionamos en este libro.

Daniel falleció con 91 años y no creo -eso al menos es lo que yo imagino-, que quede en esta ciudad alguna taberna por la que él no haya pasado. La que más frecuentó, eso sí, fue la de Antonio “La Paloma” y en la que él escuchaba el arte puro y sin prejuicios de todos aquellos que expresan el cante tal y como lo sienten, a golpes de latido de corazón y aún sin saber si el tercio era el adecuado o no, o debía ser más corto o más largo. Poco importaba eso. Todos aquellos cantes eran sinceros ya que brotaban de esa fragua sagrada a la que nosotros, los hombres, llamamos corazón.

Att Guillermo Cano, un abrazo a tod@s,…Y nos leemos Pronto.